Gris. El cielo gris cuando me asomé por la ventana, no me dijo nada. Las hojas que entraron por la puerta, cuando de repente se abrió, no me dijo nada. El viento que mi pelo despeinó cuando la vereda pisé no me dijo nada. Que no pasara ningún auto y que la calle haya estado partida a la mitad, no me dijo nada. Mi ropa roída y mis manos quebradas, no me dijeron nada. Que no haya Sol, ni nubes, ni cables, ni torres, ni gente, ni ruido, ni libros, ni veranos infantiles, ni chistes absurdos, ni perros pulgosos, ni barcos perdidos, ni vasos vacíos, ni guitarras tiradas, ni nada. Tu micrófono se apagó, y no me dijo nada.
martes, 15 de mayo de 2012
domingo, 22 de abril de 2012
Match Point
Match Point para la Originalidad. Estaba jugando un muy buen partido. Tenia un saque imbatible, un revés excelso, un slide único, un globo inalcanzable; en fin era una campeona nata. La Originalidad estaba jugando un partido inolvidable contra el Olvido. El Olvido, a diferencia de la Originalidad, no tenía ni un buen saque, ni un revés extraordinario, ni un slide estupendo y mucho menos un globo inalcanzable. Él era uno más del montón, pero sin embargo venía superando todas las etapas anteriores. Nadie recordaba muy bien cómo, pero el Olvido había podido ganarle a cada uno de sus oponentes, y aunque no era en nada competencia para la Originalidad, esa tarde, él se había propuesto ganar.
Cuando la Originalidad estaba por sacar, el Olvido se apuró a gritarle "¡Hey! ¡Originalidad! ¡Que seas siempre original, ya no es original!". La Originalidad se había quedado helada. Tenía razón! En su afán de ser original, se había vuelto repetitiva, y lo repetitivo no es original.
No podía ser. Para demostrarle al Olvido cuan errado se encontraba, la Originalidad comenzó a jugar mal. Erraba sus saques como nunca nadie lo había hecho antes. Su revés y su globo eran irrepetibles e inimaginables! Empezó a jugar con los ojos cerrados, después saltando en una pierna, jugaba en cuatro patas y ¡hasta de espalda!. El Olvido aprovechó la ridiculez de su competidor para dar vuelta el partido, y para finalmente ¡conseguir ganar el partido!.
El Olvido triunfal recibió su medalla, pero ya nadie le prestaba atención. Todos miraban a la Originalidad, que corría hacia atrás con la medalla puesta como si fuera una vincha, moviendo los brazos como intentando volar. La Originalidad en su afán de mantenerse fiel a si misma se había vuelto totalmente loca, pero la gente la miraba como hipnotizada por tal espectáculo y salió corriendo tras de ella, cuando la Originalidad abandonó por una de las puertas de emergencia la cancha. En el medio de la cancha el Olvido miraba, con la medalla colgando de su cuello hacia la puerta de emergencia atónita sin poder comprender que acababa de suceder.
Esa tarde la Originalidad, que había perdido el partido, pasó a la historia; y el Olvido en cambio, bueno, en este momento no recuerdo.
miércoles, 18 de abril de 2012
Amor agreste
Acostado de espaldas y con la cabeza apoyado sobre las palmas miraba al cielo. El bote apenas tiene espacio para mi, así que parte de mis piernas quedan sostenidas en el aire, y el agua alcanza a tocar las puntas de los dedos de mis pies cuando una tímida ola bambolea el bote. El calor del Sol llega hasta mi y me avisa que ésta noche me va a doler un poco la cabeza si sigo mirándolo descaradamente en esa posición.
A punto de dormirme, un grito desde la orilla llama mi atención. No se asusten, no fue un grito de terror. Fue mas bien un saludo a lo lejos. Tuve que hacer un gran esfuerzo para lograr sentarme sin voltear el bote. Cuando lo conseguí y miré hacia la orilla, pude ver un caballo que desde la orilla me observaba mientras comía unos pastos que desde el suelo amanecían. Miré en todas direcciones y no pude encontrar el cuerpo del cual la voz había salido. Entonces se me ocurrió que por ahí alguien estaba buscando el caballo y por eso gritaba por el bosque, y yo desde el medio del lago no podía verlo por la espesura del bosque que me rodeaba.
En el afán de ser el héroe del día me dirigí hacia la orilla y una vez ahí, levanté el bote y lo deje sobre unas hierbas en las que el caballo, o bien, no se había fijado, o no le llamaban la atención. El caballo era un hermoso animal de pelaje marrón con manchas negras. Tenia un largo crin negro que caía sobre su cuello y descansaba parte sobre su lomo. Fue amor a primera vista. Recordé inmediatamente que cuando era chico solía andar a caballo en los campos de mi abuelo. Entre todos los caballos que él tenía mi favorito era uno muy parecido al caballo que hoy se encontraba perdido a la orilla del lago. Me pasaba largas tardes montado en él y recorría hasta donde el campo me lo permitiera. Solo él y yo galopando por los valles.
Miré alrededor, a ver si podía encontrar al dueño de ese animal. Pero no hubo caso. Si bien el Sol se infiltraba entre las copas de los árboles y me dejaba ver entre ellos, no pude ver a ninguna persona. "¡Acá está!" grité con la esperanza de que alguien me escuche. El caballo (que nunca me había sacado la mirada de encima) se me acercó. "¡Acá está!" grité mas fuerte, convenciéndome de que alguien podría escuchar. El caballo se me acercó un poco más. "¿A quién le gritás?" Me dijo el caballo. Retrocedí tres pasos si poder creer lo que acababa de escuchar. "¿Qué?" Pregunté casi sin voz y sin esperar respuesta, repitiéndome que eso lo había imaginado.
-Que ¿a quien le gritas? No hay nadie mas acá en el bosque que nosotros dos. Bah! en realidad es mentira, hay más animales, pero ningún otro como vos. Osea humano.
-¿Pero vos, vos, cómo, vos..
-¿Me llevás a dar una vuelta en el bote? Te vi recién ahí acostado en el bote y me dio mucha envidia. ¿Me llevas?
Me desperté de un salto y el bote casi se dio vuelta. Había sido un sueño. La transpiración me corría por la espalda y al sentarme una brisa me recorrió al entrar por debajo de la remera . La cara me ardía debido al Sol. Me costó un momento despertarme del todo. Con una mano tomé un poco de agua del lago y me la tiré encima de la cabeza. Cuando estaba por acostarme nuevamente, siento detrás de mi un grito que venía desde de la orilla. Pero no un grito de terror, sino mas bien un grito parecido a un saludo. Igual al del sueño! Sin creerlo -y después de tomar aire profundamente- me di vuelta lentamente. Cuando mi mirada llega a la orilla, y para mi sorpresa, veo a mi hermano que había llegado en la camioneta. Me hacía señas con los brazos. Me estaba esperando para llevarme de vuelta a casa.
En el camino a casa y a punto de dormirme en asiento del acompañante, mi hermano me dice "Mirá que hermoso" señalando al lado del camino a un caballo marrón con manchas negras.
martes, 17 de abril de 2012
Tomi, Luz y Luna
Tiró su zapatilla sobre su hombro izquierdo, que cayó a un par de metros de distancia de la zapatilla derecha. Se aflojó la corbata y de repente toda la presión que sentía en su sien se disipó. Tenía una canción en la cabeza, pero no podía cantarla ya que no se sabía la letra. Nada podía frustrarlo más en ese momento, ni siquiera no poder silbar la melodía. Su cabeza estaba en otro lugar, y le parecía que su cuerpo mortal empezaba a descomponerse en ese preciso momento. "Sólo 37 años" pensó. Abrió la heladera y al querer sacar una botella de vino de su interior, tiró la jarra de vidrio con agua. La jarra cayó en cámara lenta. El impacto fue tal, que "Tomi" se despertó de un sobresalto y corrió pegado a la pared hasta la cocina, en donde encontró a su dueño mirando absorto el piso, con una botella en la mano. Nada podía frustrarlo mas en ese momento, ni siquiera los vidrios desparramados en el suelo. Nada. Ni siquiera, su gato tomando el liquido prófugo que entre las uniones de las baldosas intentaba escapar. "¿Qué miras? ¿Nunca viste un gato comiendo vidrio?" Parecía decirle el gato. "Encima que te limpio el piso".
-Gracias- Le dijo, como si pudiesen entenderse.
El ventilador en el techo giraba tan lento, que podían observarse las pelusas en las paletas. Esa misera imagen lo obligó a aumentar la velocidad del ventilador. En la botella le quedaba menos de medio vaso que de un solo sorbo se tomó. Cuando quiso apoyar la botella en la mesita ratona, sus ojos lo engañaron y se quedó corto por diez centímetros. Abrió la mano. La gravedad de la Tierra, la superficie del piso y la fragilidad del vidrio, hicieron todos su trabajo. En un abrir y cerrar de ojos, Tomi estaba chupando el piso al lado de él y le dirigía la mirada diciendo "te tomaste todo".
-Perdón- Le dijo, como si pudiesen entenderse.
Descalzo como estaba salió al balcón, y se apoyó con los brazos cruzados en la baranda. Miró por sobre los edificios de la ciudad y pudo ver una sola estrella. Había tanta luz en la ciudad, que le impedía ver las estrellas y sólo una lograba destacarse en el cielo, dándole la espalda a la Luna que redonda la miraba.
Él pudo observar que no era el único frustrado esa noche. En esa estrella pudo ver frustración. Y seguramente mucha más de la que él podría nunca imaginar. Esa noche la luz de la ciudad y la redonda Luna, conspiraron contra la noche. Esa noche sólo una noche pudo brillar. Pero ella no estaba feliz, estaba frustrada. Sólo una estrella pudo brillar, y estaba frustrada. Sólo una estrella pudo brillar esa noche, y estaba frustrada. Igual que él.
sábado, 14 de abril de 2012
Premeditado
Vi latir tu sien antes de llegar. Vi mil reflejos caer y tu sombra que esperaba. Ahí voy, un poco mas allá, por la misma estación. Y en el anden te vi. Y vi tu pollera mi mirada de reojo revirar, y vi también tu pelo largo saludar. Ay ay! Ay ay! Gracias tren, que tardaste tanto en venir, y que me dejaste mirar un poco más. Gracias tren por ser el mismo que ella y yo debíamos tomar. Gracias vagón por estar libre ¡justo vos!. Gracias asiento por ser el único para los dos.... "Hola", saludé.
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